Un cadáver se levanta en pleno centro de Madrid, imponente, impotente. El Edificio España es apenas un  esqueleto de hormigón, está hueco por dentro. Vacío de las astronómicas aspiraciones con que se construyó y se trató de remodelar después, para acoger viviendas y servicios de lujo. Propósito que parece compartir el empresario chino al que el Santander acaba de vender el inmueble.

Anoche pude ver el documental Edificio España, dirigido por Víctor Moreno, en una proyección para los socios de eldiario.es. El documental de la discordia, censurado por el banco con la premisa de que podía afectar a sus intereses comerciales.

Después de su exhibición en varios festivales internacionales, de repente el Santander, que había autorizado la filmación durante las obras de reforma, decidió condenarlo a la oscuridad de un cajón por más de un año. A partir del sábado va a proyectarse en distintas salas de Madrid (Cineteca, Pequeño Cine Estudio) y otras ciudades.

Tráiler Edificio España (The Building) dirigido por Víctor Moreno from Víctor Moreno on Vimeo.

Por la maniobra de la entidad bancaria, podría parecer que es un documental de denuncia de la especulación inmobiliaria al estilo de Michael Moore, pero no es así en absoluto. Ya lo avisó el director anoche, antes de la proyección, que nunca fue su intención meterse en los zapatos del americano. El documental es más sutil.

Narra solo con las imágenes que filma Moreno, sin las imposiciones de una voz en off, la reforma del edificio iniciada en 2007 siguiendo a los 200 trabajadores que se ocuparon de desmantelar su interior. La lacra de la especulación está implícita, así como la explotación de los inmigrantes como mano de obra, tan útiles para las constructoras en los años del boom inmobiliario.

En un momento de la filmación se escucha de fondo, en la radio, las palabras de Zapatero anunciando una estimación de crecimiento del 3% de la economía española. A los tres años, en 2010, tras la paralización de las obras, Moreno regresa con su cámara al edificio, ya vacío de cascotes y de obreros. ¿Qué ha sido de ellos?, pregunta al conserje. La mayoría está en el paro.

El largometraje refleja las rutinas de trabajo de los obreros en el mastodóntico edificio. De vez en cuando sigue a un trabajador en concreto. Hay que retirar los objetos abandonados en las oficinas y en las viviendas, donde se encuentran fotografías tiradas por el suelo, olvidadas. La moqueta de un lujoso restaurante, acuchillada como una traición. Todo se hace con una cierta ceremonia, como al ocuparse de los bienes de un fallecido.

Los descansos para comer son momentos más distendidos. Los obreros, de diferentes nacionalidades, trabajan codo con codo. Algunos más silenciosos, otros más bromistas. Y así también en el comedor, en el vestuario. Se escuchan conversaciones un tanto surrealistas, que si mejor comprar un piso que un chalet, que si te alcanza la nómina para tener tres esposas. “A cada uno, sus gustos”. La vida misma.

Fotograma documental Edificio España, Víctor Moreno

Hay momentos que provocan la sonrisa. El guarda Herminio diserta sobre un relieve de tema mitológico que preside el hall del hotel. Muestra una escena sobre Hermes, el dios del comercio y la buena fortuna, “una alegoría del capitalismo”, explica, antes de hablar de la leyenda del fantasma que habita la planta catorce. Dos años lleva trabajando en el edificio, dice, y no lo conoce en toda su extensión. Seguido por la cámara otro conserje se pierde por los pasillos. Pasó su noche de bodas en el hotel del edificio.

También había viviendas. Treinta años llevaba viendo allí un anciano, que justo abandona el apartamento que compartió con su mujer, fallecida tres años antes. Se arrancan los carteles de vivienda ocupada. Se destruye el cuarto de baño que momentos antes nos había enseñado el propietario. En el documental se ve como los escombros que se retiran del edificio se llevan a triturar a un solar. Se convierten en polvo.

Partículas microscópicas. Eso que Unamuno llamó la intrahistoria, “donde reside gran parte de las problemáticas de las sociedad en que vivimos”, comenta el director del documental. En el ecosistema del Edificio España están condensadas las contradicciones del Estado antes de la debacle. Las relaciones de poder, con epílogo del Santander y su torpe veto a la proyección del documental.

El edificio se ha vendido ahora por 260 millones de euros, 129 menos de lo que en 2005 pagó la división inmobiliaria del banco a Metrovacesa.

(Crédito imagen destacada: Edificio España ©  Luis García Cc-by-sa-3)