Obra maestra del pintor francés del siglo XVII Nicolas Poussin —“el mejor grito jamás pintado”, según Francis Bacon—, ‘La masacre de los inocentes’ supuso una ruptura formal y expresiva que examina, en su influencia, una exposición en Chantilly.

Cuando Nicolas Poussin recibió el encargo, tenía un objetivo: reivindicarse como pintor en Roma. El mecenas Vincenzo Giustiniani, por su parte, quería inmortalizar, religión mediante, un trauma de su infancia: el asesinato de veinte adolescentes de su familia por los turcos en 1566. Poderosas razones se ocultan a menudo detrás un cuadro. ‘La masacre de los inocentes’ estaba, desde el principio, llamado a ser grande. Un grito de dolor intemporal, el de una madre ante la muerte del hijo, que en el presente sobrecoge desde las portadas de los periódicos.

El Domaine de Chantilly repasa (hasta el 7 de enero) la historia e influencia de esta pintura de Poussin, desde el siglo XVII hasta la actualidad. Supuso una ruptura, no por el tema, por la manera radicalmente nueva, directa, brutal, en que lo trató el artista francés. En la sala, el relato sigue con su adquisición en 1804 por Lucien Bonaparte y finalmente su depósito en Chantilly por Enrique de Orleans, duque de Aumale, quien lo compró en 1854 durante su exilio en Londres.

La composición despojada, como explica la comisaria Nicole Garnier, conservadora del Museo Condé, centrada en el triángulo que forman el soldado, el niño y la madre, cuya aterrada expresión recuerda a una máscara de tragedia griega; el contrapicado y la ausencia de alegorías religiosas hacen de esta una obra única. Lo demuestran las versiones del tema de Guido Reni, Cornelis Schut o Pietro Testa en la exposición, que señala la inspiración caravaggiesca de Poussin, cuyos ojos enrojecidos taladran desde su ‘Autorretrato’ (Louvre). El dibujo preparatorio de ‘La masacre’ revela rectificaciones importantes: el soldado levanta la espada y la madre alza la vista hacia él.

Un gesto que influyó decisivamente en Bacon, representado con ‘Cabeza II’ (1949), y que encontramos también en Picasso: ‘La fosa común’ (1944, MoMA), visión terrorífica de los campos de concentración, de composición triangular. Annette Messager, Markus Lupertz o Jean Michel Alberola protagonizan el capítulo del arte actual, que no es ajeno, ya sea en Ruanda o Siria, al sufrimiento de los inocentes, como Poussin, ni en el fondo ni en la forma.

*Artículo publicado (11/10/2017) en Descubrir el Arte.